Oraciones varias

Oraciones que te ayudan a Orar

Al orar y rezar hablamos con Dios y le comunicamos lo que sentimos.
Dios nunca se cansa de escucharnos y siempre está disponible, aun cuando conoce nuestras penas y alegrías mejor que nadie. Solo tenemos que contarle con la mayor sencillez lo que sentimos.
Cuando oramos DIOS escucha más de lo que decimos y nos responderá con más de lo que pedimos, en Su tiempo y a su manera.

Hay varias oraciones cristianas clásicas, pero también se pueden usar algunas muy sencillas y fáciles de recordar que les compartimos.

12 oraciones cortas, fáciles de recordar y pronunciar:

– Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día; hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y María.

–  Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

– Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío.

–  Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

–  A ti, Virgen María. Por tu inmensa bondad te ofrezco mi alma en flor, mi poesía. Sembraste caridad en mi tierra baldía con el milagro de tu cercanía.

–  ¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a Vos; y en prueba de mi filial afecto os consagro, en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra: todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.

–  Jesús, ilumina la vida de nuestras madres. Premia sus desvelos y trabajo. Da paz a las madres ya difuntas. Bendice a todos los hogares, y que los hijos sean siempre gloria y corona de las madres. Amén.

–  Oh, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha, sé nuestra a ayuda contra la maldad y acechanzas del demonio, Dios lo domine, lo pedimos suplicantes. Y tu Príncipe de la milicia celestial encadena en el infierno con el poder divino a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

–  Que la Santa Cruz del Señor sea mi luz, No sea el demonio mi guía. Apártate Satanás, no sugieras cosas vanas pues maldad es lo que brindas Bebe tu mismo el veneno. amén.

–  Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

Que fue concebio por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre

Venga a nosotros tu reino

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día

Y perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación; líbranos del mal.

Amén.

Dios te salve María

llena eres de gracia

el Señor es contigo

bendita tú eres entre todas la mujeres

y bendito el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, madre de Dios

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí

ante Dios, Nuestro Señor.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tu príncipe de la milicia celestial arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

¡Acuerdate oh piadosísima Virgen María!

que jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a Vos, implorado tu asistencia y reclamado tu socorro, haya sido abandonado por Vos.

Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Virgen, Madre de la vírgenes,

y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante tu presencia Soberana.

No deseches oh purísima Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien, escúchalas favorablemente.

Así sea

Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que, pues hemos creído la Encarnación de tú Hijo y Señor nuestro Jesucristo anunciada por el Ángel, por los merecimientos de su Pasión y Muerte, alcancemos la gloria de la Resurrección.

Amén.

 

Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel,

concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida.

Por Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Corazón Sagrado de Jesús, en Vos ponemos toda nuestra confianza, temiéndolo todo de nuestra fragilidad, esperándolo todo de vuestra bondad:

sed el único objeto de nuestro amor, el protector de nuestra vida, el sostén en nuestra debilidad,  la reparación de nuestras faltas, la seguridad de nuestra salvación y  nuestro refugio en la hora de la muerte. 

Amén.

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío;

por ser Vos quien sos, Bondad infinita, y porque los amo sobre todas las cosas,

me pesa de todo corazón de haberlos ofendido;

también me pesa porque pueden castigarme con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Amén.

Bendice Señor estos alimentos que vamos a recibir por tu misericordia,

y bendice a quienes los han preparado.

Da pan a los que tienen hambre,

y hambre de justicia a los que tienen pan.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Amén.

Protege y defiende con amor todos los niños, para que regenerados en el agua del bautismo e incorporados a la Iglesia, crezcan serenos, llenos de vida,  se conviertan en testimonios valientes de tu Hijo Jesús y perseveren, con la gracia del Espíritu Santo, en el camino de santidad.

Amén.

Te suplico tu intercesión.

Tú llevaste una vida resplandeciente por la protección de tu Dios.

Intercede ahora por mí y mis intenciones.

Necesitamos niños que sepan mirar al mundo, con ojos llenos de amor, y que cierren sus ojos al odio y la maldad.

Queremos hacer del mundo, una familia donde todos los hombres se amen y amen a Dios.

Amén.

Fuente de la salud y del consuelo, que has dicho “Yo soy el que te da la salud”.

Acudimos  a ti en este momento en  el que por la enfermedad sentimos la fragilidad de nuestros cuerpos.

Ten piedad Señor de los que estamos sin fuerza, devuélvenos la salud.

Porque aquél que mereciste llevar en tu seno, aleluya.

Ha resucitado según lo predijo, aleluya.

Ruega por nosotros a Dios, aleluya.

Gózate y alégrate Virgen María, aleluya.

Porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya.

Y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quién contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.

Para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras acciones.

Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios te salve María…

He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra. Dios te salve María…

Y el verbo se hizo carne. Y habitó entre nosotros. Dios te salve María… 

Ruega por nosotros Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Porque escuchas siempre los ruegos de quienes ponen en ti su confianza.

Nos acordamos cuando fuiste, presurosa, por las montañas de Judá,  a prestar ayuda a tu prima Isabel.

Recordamos cómo acudiste maternalmente en socorro de los novios en las bodas de Caná.

Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en un principio,

ahora y siempre

por los siglos de los siglos.

Amén.

Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti celestial princesa Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

Padre bueno, creador del cielo y de la tierra, sin yo merecerlo me regalas un nuevo día de vida ¡Muchas gracias!

Tú sabes que soy pequeño, y que sin tu ayuda caigo a cada paso. ¡no me sueltes la mano!

Ayúdame a descubrir, que todos los hombres son tus hijos y por tanto mis hermanos.

Enséñame a disfrutar de la vida, a vivir con alegría y a ayudar a los demás.

Amén.

Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.